Laboralistas

Marcelo Horacio Venier

CARTA ABIERTA A LOS JUECES DEL TRABAJO

 

Estimados Magistrados:
He meditado mucho sobre la conveniencia de esta carta; sin embargo, dada la gravedad de la situación que vivimos en el fuero y sumada a ello, la imposibilidad de mantener una charla franca con Uds. es que, me atreví a confeccionarla.
Espero que la misma no los incomode y si ello fuese así, tengan la sabiduría para aceptar la crítica o para perdonar a este abogado, dado que ésta es bienintencionada.
Como abogado laboralista percibo con cierto grado de certeza que la Suprema Corte (y su administrador) desconocen la problemática del fuero del Trabajo y que producto de ello, son las inútiles medidas adoptadas respecto del mismo (Vgr.: eliminación del veredicto, división de las cámaras en salas, notificación electrónica, creación de la mesa de entrada vespertina) ya que ninguna ha agilizado el trámite del proceso ni eficientizado la Justicia. Es más, parecen -todas- implementadas con el único objetivo de no asignar los fondos necesarios para afrontar soluciones de fondo, tal como hicieron con los fueros Penal, Civil, Familia y de Paz.
Asimismo y como consecuencia de tal circunstancia, advierto que los Magistrados actuantes tienen que sufrir infinitos padecimientos, tales como: sobrecarga laboral de los tribunales a su cargo, discriminación respecto de otros tribunales del mismo fuero (e incluso de la misma instancia), deficiente infraestructura edilicia y funcional, hacinamiento, ambientes insalubres e inseguros, asignación de personal inidóneo, sometimiento a “experimentos” procesales e institucionales inútiles, etc.
También me doy cuenta que, toda esta situación caótica los sobrepasa a muchos de Uds.
Así los veo –salvo honrosas excepciones- encerrarse en sus “públicos despachos” y obstruir el acceso al tribunal con porteros o cerraduras eléctricas. Igualmente percibo que delegan -en cierta forma- sus “funciones jurisdiccionales” en personal administrativo ignorante de las leyes y especialmente, de los principios que alientan al Derecho del Trabajo.
Quizás, adopten tal conducta porque buscan sumar horas al día para cumplir con el dictado de las sentencias de la infinidad de casos que se les presentan o para cumplir, con el número de resoluciones que les “exige” la Suprema Corte en su afán “productivo”; pero ello, tiene su contrapunto.
La distancia tomada puede privarles de apreciar el descontrol administrativo y jurisdiccional en el que se encuentran inmersos nuestros tribunales. Es más, tal vez, los despoje de la posibilidad de conocer la realidad y con ello, pierdan la debida sensibilidad social que debe tener un JUEZ DEL TRABAJO.
Así, también quizás, les resulta indiferente que se pierdan expedientes o que, un trabajador no pueda efectivizar la condena o que, el personal administrativo en quien delegan sus funciones jurisdiccionales abusen de las mismas o que, la sede del tribunal (mesa de entradas, secretaria, despachos y sala de audiencias), sean lugares insalubres e inseguros.
Indudablemente que debo suponer todo ello pues, reconozco en Uds. trayectoria y dedicación. Sin embargo, la vida les pide o no, mejor, LES EXIGE un esfuerzo más…
La Justicia del Trabajo y sus Jueces, deben gozar del status que el Derecho que aplican les otorga y para ello, deben militar la dignificación del fuero y de sus magistrados, reclamando no sólo el debido respeto y consideración sino también, las soluciones al caos existente.
En idéntico sentido, deben propugnar la creación de más cámaras que satisfaga la creciente conflictividad social; o bien, la modificación del Código Procesal Laboral y de la Ley Orgánica de tribunales a fin de que, establezcan la creación de tribunales de primera instancia laboral y de cámaras en grado de apelación para dicho fuero; asegurando así, el derecho que le reconoce a todo ciudadano el Pacto de San José de Costa Rica.
Eso sí, nada de esto servirá, sin jueces que no se encuentren “concientes y comprometidos” con el principio protectorio que inspira al Derecho del Trabajo o con magistrados distanciados de la realidad pues, hasta ese entonces, la norma dormirá el sueño de los justos…

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